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sábado, 24 de mayo de 2014

Mi barril de amontillado

El barril de amontillado, terrorífico cuento de Edgar Allan Poe alrededor de una terrible venganza; Querido amontillado barril, un relato onírico de mi amigo Ángel Márquez para la revista El Ladrío de la Asociación El coloquio de los perros. Dos ejemplos de la inspiración literaria que resulta ser este tipo de vino, la joya de la corona de la Denominación de Origen Montilla - Moriles.
Un vino que mezcla las dos clases de crianza que se dan en los caldos de estas tierras. En primer lugar, un mosto que durante, al menos, cinco años debe criarse biológicamente como vino fino, bajo velo de flor y por el método de criaderas y soleras. Posteriormente, se elimina la levadura que forma ese velo que lo protege del oxígeno y da lugar a una nueva crianza oxidativa, ya sólo con procesos físico-químicos, al menos durante otros tres años más. Sumando nos sale que el amontillado más pequeño requiere para serlo como mínimo ocho años; a partir de ahí, a envejecer e ir convirtiéndose en leyenda.
A pesar de ser un vino más seco y difícil de tomar para paladares poco hechos a los caldos del dios Baco, debe ser que con las canas estoy también tornándome más aficionado al buen vino y voy haciendo mis sentidos a su disfrute. Con ser esto una excelente noticia, lo que la hace aún más interesante es el hecho de que no me ocurra sólo a mí, sino que haya un grupo de amigos que cada vez nos volvemos más enófilos e interesados en la cata, maridaje y elaboración de nuestros vinos, en particular, y de los de otros pagos, en general.
Mitad por ese interés cognitivo, mitad por probar distintos tipos de bodegas, mitad por echar un rato de risa (y, aunque soy profesor de matemáticas, ya voy por tres mitades), decidimos hace casi dos años realizar una cata ciega de amontillados. Eso ocurrió en 2012; ahora, en 2014, ya llevamos tres ediciones de la misma. A golpe de cristal la vamos perfilando: eligiendo marcas, elaborando un ritual, enfocando nuestro desconocimiento organoléptico para que parezca que sabemos... Designamos cada amontillado con un número (sólo una persona ajena al jurado, la que rellena las copas, sabe qué vino se corresponde con cada número), fabricamos un pequeño mantel ornamental donde colocar los catavinos, miramos, olemos, probamos, puntuamos color, olor y sabor, nos armamos de pan y agua para resetear el paladar entre sorbo y sorbo... Tras unos minutos de pretendido misticismo, entrecejos fruncidos, expresiones sesudas y caras de entendidos, ponemos en común nuestras puntuaciones e impresiones; ha llegado el momento culminante, el que te hace aprender, reflexionar, engañarte creyendo que sabes algo y, sobre todo, reír. La última fase es la de tratar de adivinar qué vino es cada uno y preguntar con cuál se corresponde cada número.
Por fin tenemos ganador y más comentarios tras los resultados. Que si los vinos en rama o los embotellados, que si es un misterio insondable que siempre gane el "sublime" amontillado de mi cuñado, que si cuándo vamos a hacer la próxima, que si podemos ampliarla a otros tipos de vino, que si se está terminando, así a lo tonto, la comida que hemos puesto después para acompañar o que si, eso pienso para mí, el vino de mi barril de amontillado cada vez sabe mejor y la próxima vez quizás sea primero en lugar de segundo.
Como acompañamiento a esta crónica dejo algunas fotos de amontillados en barril, copa o cata y un excelente vídeo explicativo sacado de la web de la Denominación de Origen Montilla - Moriles.

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