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jueves, 9 de mayo de 2013

Ray Harryhausen

Los que ya vamos teniendo una cierta edad y peinamos algunas canas recordamos con asombro infantil la primera vez que vimos “La guerra de las galaxias” o “Superman. George Lucas creaba Industrial Light and Magic como una necesidad para producir los efectos especiales que quería para la primera entrega de su saga planetaria; más aún cuando la Fox le cerraba el departamento dedicado a esos menesteres justo antes del rodaje.
A partir de esa circunstancia, los efectos visuales y gráficos generados por ordenador se han ido desarrollando a una velocidad de vértigo, creando una potente industria dentro del cine y una riada de películas en las que priman sobre la historia, los personajes o las interpretaciones; en las que su exhibición son el argumento principal.
Sin embargo, hubo un tiempo en que los efectos especiales se producían de forma artesanal, al servicio de un guión, para mejorar el film, sin constituir su eje central. Y si alguien destacó en esas décadas y llevó su trabajo a la categoría de arte, ese fue Ray Harryhausen.
Nacido en 1920 en Los Ángeles, creció en la meca del cine, rodeado de la magia del Hollywood de los grandes estudios e impresionado por títulos como el “King Kong” de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. En los años 40 se incorpora a producciones y trabajos de menor importancia para convertirse, a partir de los años 50, en el mago de los efectos especiales. Multitud de campos de la ciencia ficción cuentan con algún ejemplo de la maestría de Harryhausen: las invasiones del espacio exterior (“La Tierra contra los platillos volantes” o “A veinte millones de millas de la Tierra”), los monstruos radiactivos (“El monstruo de tiempos remotos” o “Surgió del fondo del mar”), la novela fantástica (“Los viajes de Gulliver” o “La isla misteriosa”) o el mundo legendario y mitológico (su trilogía sobre Simbad, “Jasón y los argonautas” o “Furia de titanes”).
En 1984 Harryhausen se retira. Quizás no por casualidad, en la misma época en la que los efectos digitales convierten en historia a los efectos artesanales y comienzan a fagocitar argumentos y personajes en películas hechas sólo para su exhibición. Puede que tampoco por azar, elige Londres para su retiro, lejos del nuevo Hollywood que tan poco tiene que ver con aquella meca del cine en la que nació.
El 7 de mayo de 2013, a los casi 93 años de edad, falleció Ray Harryhausen. Aunque sólo he podido ver sus películas en televisión y contemplar sus efectos después de conocer la era digital, la magia y el encanto que siguen transmitiendo no decrece con el tiempo. En la mitología popular del séptimo arte y en la mía particular siempre aparecerán en el Olimpo cinematográfico escenas como la lucha contra los esqueletos de Jasón.

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