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lunes, 27 de mayo de 2013

El nombre de la rosa

He vuelto a ver la película de Jean Jacques Annaud y he disfrutado de nuevo de la magnífica interpretación de Sean Connery, de la ambientación que nos transporta a esa tenebrosa abadía del crimen y a los vericuetos de la política eclesiástica medieval con luchas de poder entre benedictinos, dominicos, franciscanos, dulcinitas, cátaros, curia vaticana, señores feudales, reyes y emperadores.
También he vuelto a recordar esa relación entre cine y literatura, tan prolífica y habitual, pero tan difícil de cuadrar en una aceptable adaptación.
Hablamos de lenguajes distintos que hacen imposible trasladar tal cual una novela o relato al cine o una película al papel. Se trata, por tanto, de mantener la esencia de la historia, de la trama, de los personajes, de los lugares, de los sentimientos... Y Annaud lo consigue. Su film no es una réplica exacta de la novela de Umberto Eco, pero todos los que la hemos leído la reconocemos cuando vemos la cinta y nos identificamos con ella.
Por desgracia, son las menos las ocasiones en que esto ocurre. En la mayoría de los casos, a remolque de un título o un autor famosos, de una buena millonada de dólares y de un "basada en", nos cuelan películas que casi ni por asomo tienen que ver con su homónima en papel. Con un poco de suerte, aunque no estén relacionadas y defraude a los admiradores de la novela, podemos encontrarnos con una buena película; sólo es cuestión de abstraernos del título y la pretendida relación con la obra escrita. Sin embargo, estos casos son también rara avis, y lo normal es sufrir dos horas de truño cinematográfico que en nada se parecen al título que tratan de adaptar.
Así que siempre es un placer revisitar clásicos literario-cinematográficos como "El nombre de la rosa", que además de ser una estupenda película no desmerece para nada a la novela.

 

1 comentario:

EL QUINTO FORAJIDO dijo...

¿Tú sabes que tras la década de los 80 siguieron rodándose películas no?