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lunes, 13 de septiembre de 2010

Cementerio de automóviles

El día en que me cargué una fotocopiadora, o eso dicen (al menos, dejó de funcionar conmigo), volví de visita al cementerio de automóviles. Un lugar extraño y diferente donde encontrar miles de coches abiertos en canal, con las entrañas al aire, donde huele a taller pero con el aire sonando al colarse entre los restos aparentemente inservibles y dejados de algo que, en su momento y aunque ahora pueda parecer imposible, fue una máquina capaz de desplazarse a ciento y pico kilómetros por hora.
Sin embargo, no hay que dejarse engañar por las apariencias. Aún pueden ser muy útiles esos coches. En cierto modo, son donantes de órganos para otros que necesitan alguna de sus piezas. Como mi Clio. Y a un precio mucho más módico que si se piden originales en el concesionario; una que costaría unos 500 euros puede salir por sólo 30. Además, conoces Andalucía.

1 comentario:

Nanete dijo...

Les guardo cierto respeto sobrenatural...