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martes, 10 de agosto de 2010

Turismo exprés


Así es como llamo yo a una forma propia de hacer turismo de media jornada. De ir y venir en el día a lugares con encanto, con la cámara al bolsillo, un café antisueño antes de coger el coche, calzado cómodo y la camiseta de sudar, la que se pega a la espalda con la agradable sensación que deja el sudor del calor seco, ése que tan bien quitan una cerveza fría y otra segunda para asegurarse.
Ante la inmensidad de las vacaciones y el acecho de una mañana de sofá viendo documentales en la tele, me lanzo a estos safaris culturales, fotográficos y musicales (en el loro del coche). El turismo exprés tiene la ventaja de que se puede improvisar en cinco minutos; no necesita apenas preparativos. En todo caso, una llamada telefónica por si alguien se anima a acompañar. Tiene el inconveniente de la brevedad, más llevadera con una buena banda sonora para el viaje.
Por aquello de esa improvisación e inmediatez, es aconsejable visitar lugares medianamente conocidos de antemano, para no perder tiempo en búsquedas y preguntas e ir más directo al grano. Hoy me he levantado con ganas de ver Sevilla. Algo rapidito: Alcázar, Catedral y Giralda, plaza del Salvador y Reina Mercedes con la Facultad de Física.
Dar una vuelta por el centro de Sevilla, subir a la Giralda, admirar el arte mudéjar del Alcázar y empequeñecerse ante la inmensidad gótica de la Catedral siempre es placentero. Pero la parte del viaje de hoy que más me ha llegado ha sido el paseo por Reina Mercedes. Tras muchos años sin ir por allí, recorrer de nuevo sus soportales, el campus universitario, mi Facultad de Física, llegar hasta el número 65 y comprobar que siguen el mismo portal, el bar de las Rías Bajas, la copistería y la tienda de Lara al lado, el Rincón de Manolo a la vuelta de la esquina, el Bar Parada con una mano de pintura y la tienda de alimentación de Benito enfrente, ha sido una experiencia emocionante. Revivir cinco años en treinta minutos con el colofón de una cerveza fría junto a la cervecería Cancún, que sigue abierta. Mi reflejo en los escaparates, con más kilos y más canas, me ha devuelto a la realidad y al frescor del aire acondicionado de mi Clio que, hoy sí, se ha portado como un campeón.


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