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sábado, 14 de agosto de 2010

Lágrimas de San Lorenzo


Cada día es más complicado disfrutar de este maravilloso espectáculo que son las Perseidas por culpa de la contaminación lumínica de nuestros cielos nocturnos. A los urbanitas como yo nos impresiona descubrir el firmamento en un alejado rincón a oscuras, los miles de puntos que nos hacen comprender nuestra insignificancia en el universo, acostumbrados a distinguir a duras penas dos o tres planetas más brillantes en nuestras noches de ciudad. Observar esta lluvia de estrellas a 3000 metros de altura, al pie del Mulhacén, o en una perdida cala en los acantilados de Maro son dos de los momentos más impresionantes que he podido contemplar en vivo.
Todos los años, cuando llegan estas fechas, la Tierra, en su órbita alrededor del Sol, atraviesa la cola del cometa 109P/Swift-Tuttle. Las partículas que la forman, al interaccionar con nuestra atmósfera, forman esa lluvia de estrellas que conocemos desde la Edad Media como "lágrimas de San Lorenzo", cuyo santo se conmemora el 10 de agosto, y que hacían pensar a aquellas gentes medievales en su llanto cuando fue quemado en una parrilla durante su martirio. Su otro nombre, Perseidas, proviene del hecho de que aparecen en el firmamento sobre la constelación de Perseo.
Tan espectacular fenómeno de la naturaleza nos hace reflexionar cada mediados de agosto sobre la protección de nuestros cielos nocturnos y sobre la belleza de nuestro firmamento, de su observación y de nuestro desconocimiento del mismo. También nos hace caer en el tópico de pedir un deseo cuando vemos pasar una estrella fugaz. Pero eso no se cuenta, no se lo digas a nadie, es el secreto de las tortugas.

1 comentario:

Nanete dijo...

Este año me las estoy perdiendo... A que entran ganas de ver Ágora? jaja