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sábado, 7 de agosto de 2010

Fisión y fusión


6 y 9 de agosto de 1945. Hace 65 años. Hiroshima y Nagasaki. Little boy y Fat man. Las dos únicas bombas atómicas lanzadas sobre ciudades. La carrera científica entre estadounidenses y alemanes para conseguirlas es todo un episodio de la historia. Al final, fue el Proyecto Manhattan liderado por los norteamericanos el que se llevó el gato al agua y puso el punto final a la Segunda Guerra Mundial con la rendición de Japón el 15 de agosto de 1945.
Tanto Little boy como Fat man son bombas de fisión que usan como combustible, respectivamente, uranio 235 y plutonio, dos isótopos radiactivos formados por núcleos atómicos muy grandes e inestables, en los que hay una enorme cantidad de protones y neutrones unidos débilmente por la fuerza nuclear fuerte, que apenas alcanza para vencer a la fuerza de repulsión que se produce entre los protones, todos ellos con carga eléctrica positiva.
Cuando un núcleo tan grande e inestable es mínimamente alterado, se rompe en dos partes casi iguales y libera gran cantidad de energía. A eso se llama fisión, y es el proceso que, de forma descontrolada, se da en bombas como las mencionadas.
En 1952, también los estadounidenses probaron en un atolón de las Islas Marshall la primera bomba de fusión o de hidrógeno. En este caso, el funcionamiento es el opuesto; producir una reacción nuclear descontrolada en la que dos núcleos atómicos pequeños se unen para formar otro más grande y liberar gran cantidad de energía. A este proceso se le llama fusión.
Afortunadamente, la fisión y la fusión tienen otros usos más civilizados cuando se realizan de forma controlada. Las centrales nucleares o los reactores nucleares producen energía mediante fisión. El Sol, fuente de toda la vida en la Tierra, es un enorme reactor de fusión. Las centrales nucleares de fusión, el día que la tecnología consiga hacerlas posibles, serán aparentemente la solución a los problemas energéticos de nuestra sociedad: una fuente de energía inagotable y limpia.
Como todos los avances científicos que han tenido lugar en la historia de la humanidad, su aprovechamiento no siempre ha sido beneficioso. Pero no por eso tenemos que denostar el conocimiento y el descubrimiento, sino más bien su mal uso. Por eso, prefiero quedarme con lo positivo de la fisión y la fusión nucleares, no olvidar Hiroshima y Nagasaki para que no vuelvan a ocurrir y pedir, como el Secretario General de las Naciones Unidas, la destrucción de todas las armas atómicas para que otro Enola Gay no vuelva a volar con sus tripas cargadas de muerte y horror.

1 comentario:

Nanete dijo...

Y es que ahí está la historia para que no olvidemos la cantidad de errores que hemos cometido...