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viernes, 6 de agosto de 2010

Colmenas de hormigón


Hormigueros humanos, colmenas de hormigón. No es que la playa no me guste. Me gusta la belleza. Y encontrar en nuestras costas un lugar bonito es cada vez más difícil. Desde Málaga hasta Manilva se puede ir sin dejar de ver un ladrillo a ambos lados de la carretera en cada kilómetro. Un continuo de cemento y asfalto. Casas colgadas en la montaña, arena donde no se puede pinchar una sombrilla, mar comido de basura.
No lo puedo evitar cada vez que voy a la Costa del Sol. La mirada se me va hacia las sierras y el volante del coche también. A conocer esos pueblecitos blancos allí colgados. Donde aún no ha llegado la especulación inmobiliaria. Con sus gentes sencillas, con sus calles estrechas, empinadas y empedradas, con sus castillos coronándolo todo.
Me quedo con la montaña porque no está masificada y aún sigue siendo bella. Pero por encima de todo, me quedo con mis piedras. Donde haya una ruina, un monumento antiguo y una taberna al lado, allí estaré yo. A pesar de Los Chichos.

1 comentario:

Nanete dijo...

"Vivo en primera línea de playa", "¡A POR ÉL lo ha confesado!"