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lunes, 19 de julio de 2010

Pecados capitales

Siete son los pecados capitales que la iglesia reconoce, solamente. Poca cosa parece. Aunque, eso sí, son capitales, importantes, destacados. Quien más quien menos, todo el mundo los hemos cometido o seguimos en ello; no todos por igual, claro está. Además, también existen las siete virtudes que se corresponden con cada uno de ellos.
La lista de los mismos, siguiendo el orden que Dante establece en La Divina Comedia, es:
- Lujuria. Éste es uno de mis favoritos, lo incumplo bastante a menudo. Frente a él está la castidad, que no es una virtud con la que yo me sienta identificado especialmente.
- Gula. No es un vicio que me afecte mucho. Va poco conmigo, quizás en momentos concretos: catas de cerveza o ferias de la gamba. Su virtud correspondiente, la templanza, en general, me es más cercana.
- Avaricia. Posiblemente el pecado capital con el que menos me identifico. Alguna vez lo habré cometido, supongo, pero tendría que ponerme a recordar. Eso sí, la generosidad tampoco es mi virtud; lo mío es mío, tampoco es que quiera tener más, pero no lo regalo.
- Pereza. En pleno verano, de vacaciones, aburrido, viendo una etapa del Tour a la hora de la siesta, soy la misma imagen de la pereza. Pero claro, dentro de esa personalidad dual que me caracteriza, la virtud de la diligencia también me aparece de vez en cuando. Me cuesta arrancar, vencer la inercia, pero a la que me pongo en marcha ya no paro.
- Ira. Apenas la conozco, aunque hay ocasiones en que viene. Y lo malo de no tener la costumbre es que da con fuerza. Soy más de paciencia, gran virtud; no suelo perderla.
- Envidia. Es un pecado que normalmente me suele traer sin cuidado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte me ha dado por ahí y ahora mismo lo tengo plenamente desarrollado. Su virtud opuesta, la caridad, nunca la he conocido.
- Soberbia. Casi nunca la demuestro, aunque en el fondo lo soy. Sólo la exteriorizo cuando me tocan los huevos. Por supuesto, de humilde, su virtud correspondiente, nada de nada, siempre falsa y fingida.

En conclusión, si ahora me tengo que quedar con un pecado capital sobre los otros, lo tengo claro: la envidia. Que me encuentro muy envidioso últimamente. Y envidia insana, claro está, que si no no sería tanto pecado. El demonio que en 1589 le asignó Peter Binsfeld, Leviatán.

La imagen es un óleo de El Bosco llamado Tabla de los pecados capitales, que se encuentra en el Prado.

3 comentarios:

EL QUINTO FORAJIDO dijo...

Siempre he dicho que eres una envidiosa, mira por donde ahora voy a tener razón.

virginia dijo...

de que tienes envidia y de quien? que curiosidad jaja

La sonrisa de Hiperión dijo...

que bonito es verte retratados en todos ellos jajajaja