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sábado, 3 de julio de 2010

El mayor espectáculo del mundo


El fútbol se ha convertido en uno de los espectáculos que más dinero mueve en todo el mundo. ¡Qué decir del Mundial, máxima expresión a nivel deportivo y también como negocio! Otros lo aprovechan para tapar sus vergüenzas o para dirimir sus enfrentamientos haciendo suya esa frase tan romana del pan y circo.
Pero lo que hace realmente interesante a este juego en el que se enfrentan once contra once, dando patadas a un balón con el objetivo de hacerlo pasar entre tres palos, no es su condición de deporte. El fútbol despierta pasiones, sentimientos, ilusiones. Vivimos ahora en la época del márketing, de los jugadores estrella, ídolos de masas, pero desde hace más de un siglo, cuando los ingleses inventaron este deporte, lo que lo ha hecho grande ha sido esa identificación de los aficionados con un equipo: el de su barrio, su ciudad, su región o su país. Una especie de estandarte en el que han volcado sus esperanzas y sus frustraciones, sus reivindicaciones y sus rivalidades.
El fútbol ha provocado guerras, ha sido abanderado de ideologías políticas (daría esto para escribir un libro), nos ha dado filósofos populares y nuevos héroes mitológicos... Pero a mí en esta entrada me gustaría quedarme, en particular, con la discografía que en torno a este deporte se ha creado. Y no me refiero a canciones oficiales de Copas del Mundo o a himnos de Centenarios o clubes, compuestas únicamente para sacar dinero y que no suelen sobrevivir al revuelo mediático que se crea en torno a ese evento. Hablo de esos temas que artistas de todo tipo, condición, nacionalidad y época han dedicado a jugadores o clubes desde el sentimiento: Serrat cantando a Kubala, Alfredo Zitarrosa recordando a Garrincha, las mil canciones hechas en Argentina para Maradona. Yo me voy a quedar, para ilustrar este texto, con un tema interpretado inicialmente por Gerry and the Pacemakers pero que ha hecho suyo la hinchada del Liverpool hasta convertirlo en todo un himno y un ejemplo de ese sentimiento que despierta el fútbol. Su título, "You'll never walk alone"; escucharlo cantar a todo Anfield Road pone los pelos de punta. Nunca caminarás solo.

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