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domingo, 2 de mayo de 2010

Mi móvil

En Navidad me apañé mi nuevo móvil, un Samsung Omnia, por una cantidad de dinero irrisoria: 0 €. Recuerdo aún el primer ladrillo que tuve, con una mini pantalla en la que aparecían caracteres dignos de la época de los Commodore; carcasa verde, grande, ancha y pesada, teclas rudimentarias. Frente a ello, me encuentro con un aparato extrafino, todo pantalla, táctil ella, con puntero para teclear mejor, ligero, con radio, reproductor multimedia, cámara de 5 megapixels (la primera que me compré digital creo que sólo tenía 3), conexión a internet, sistema operativo windows mobile y tarjeta de 16 gigas.
O sea, si mezclo mi primer móvil-ladrillo y mi primer ordenador-tractor y multiplico sus aplicaciones y características por mucho, y divido su peso y tamaño por otro mucho, me sale mi nuevo móvil. Una oficina portátil en la que se puede hacer de todo, aparte de hablar por teléfono, y en la que se puede almacenar cantidad ingente de información de todo tipo.
Ese es, claro está, el peligro de estos móviles. El día que los pierdes te quedas sin todos esos datos, con una mano delante y otra detrás si no tienes copias de seguridad. Aunque, claro, lo peor sería que, además de perderlo, alguien lo fisgoneara. Entre tanta información, alguna podría dar lugar a algún escándalo.

1 comentario:

EL QUINTO FORAJIDO dijo...

Si no lo cuentas revientas jejeje