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sábado, 25 de octubre de 2008

In vino veritas

El clima de Montilla es mediterráneo aunque con ciertas características propias del clima continental. El terreno, fundamentalmente llano, ofrece elevaciones muy suaves típicas de la zona de campiña. La más pronunciada, el Cerro del Macho con casi 700 metros de altitud, es un auténtico mirador de la campiña sur de Córdoba. La imagen que Montilla ofrece desde el exterior es atractiva, cual «barco anclado en un verde mar de viñedos y olivos». Son precisamente éstos los cultivos dominantes en Montilla y, en menor medida, el cereal. La zona, sin duda, de mayor atractivo paisajístico es la llamada Sierra de Montilla, al este de la ciudad, formada por una serie de colinas altas donde contrastan los diferentes verdes de sus cultivos con los colores blanquecinos y terrosos de su fértil suelo, brillantes siempre por el dorado sol. destaca el Cerro Don Juan, un reducto de especies autóctonas. La Sierra de Montilla es también lugar de obligada visita por la presencia en ella de numerosos lagares donde se elaboran vinos y aceites de manera artesanal, además de ofrecer la mejor vista panorámica de la ciudad y una espectacular puesta de sol.

El Lagar, o jaraíz, es un recipiente donde se pisa o prensa la uva para obtener el mosto, separando el hollejo de la pulpa y, por extensión, edificio donde se guarda dicha prensa. El edificio suele disponer de una cueva utilizada como bodega guardando el vino habitualmente en grandes tinajas. Existe una entrada para descargar directamente la uva traída desde el majuelo.
El vino de Montilla Moriles tiene una noble historia, un abolengo del que legítimamente se enorgullece. Son estos vinos un valioso patrimonio legado de padres a hijos, de generación en generación, en la comarca productora, cuyo origen se remonta a la llegada a España de las primeras civilizaciones mediterráneas de helenos y latinos, hacia el siglo VIII antes de Jesucristo.
Dan fe de ello, con fehaciente testimonio arqueológico, toda una colección de objetos de barro y cerámicas, aparecidos desde hace veinte centurias en el área de la actual zona de producción. El hecho es lógico, porque la milenaria Córdoba es foco y cruce de civilizaciones exquisitas, y el vino es, precisamente, un embajador de las más depuradas culturas.

Desde la más remota antigüedad, “el Montilla” entra por la puerta grande de la historia española y universal. Así ocurre en el medievo arábigo-andaluz, en la España descubridora de mundos, en los tiempos de la primera revolución industrial y, claro es, en la época actual de los grandes mercados supranacionales.
El vino de Montilla no es un vino de añada. En esta zona se utiliza el sistema de criaderas y soleras. Mediante esta técnica, una partida de vino de determinado tipo y de la misma edad que se considera totalmente hecho y de la que es extraído para el consumo de una saca, se completa, se rocía, con una cantidad igual a la sustraída y que proviene de otra partida, del mismo tipo, también hecho, pero algo más joven . Esta otra partida, a su vez, se rellena con una cantidad igual que procede de otra más joven que esta segunda. . Y así se hace hasta llegar a una partida de una añada del mismo tipo. Cada partida, cada número de botas de igual edad, se llama “escala”; la de más edad es la primera escala, y recibe el nombre de solera. Las demás escalas reciben el nombre de criaderas.
Fuentes: Wikipedia, www.montilla.es y www.losborbones.com


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